En este mágico tapeiz de tradiciones que envuelve al mundo durante las fiestas navideñas, se destacan costumbres que aportan un destello único a la temporada. Desde la luz de las velas que titilan en las ventanas hasta las melodías que resuenan en la nevada noche, cada país ofrece su propio matiz a la paleta de celebraciones decembrinas.
Comencemos con el corazón de Escandinavia, donde en Suecia la fiesta de Santa Lucía se celebra el 13 de diciembre, antesala de la Navidad. Las jóvenes se visten con largas túnicas blancas y cintas rojas, portando una corona de velas en la cabeza. Esta luminosa figura, que personifica a la santa portadora de luz, reparte dulces y canta canciones tradicionales, simbolizando la esperanza y la luz en la más oscura época del año. Es una visión etérea que transmite serenidad y un sentido de comunidad en medio de los fríos días invernales.
Crucemos el Atlántico hacia México, donde las posadas, que se realizan del 16 al 24 de diciembre, rememoran el peregrinaje de María y José en busca de posada. Los participantes, divididos en dos grupos, uno dentro de la casa y otro fuera, entonan cantos alternados pidiendo y otorgando alojamiento. Esta ceremonia culmina con el quebrar de la tradicional piñata de siete picos, representando los siete pecados capitales, y el saborear de platillos típicos como el ponche y los tamales. La posada es una tradición que subraya el calor humano y la hospitalidad, valores esenciales de las festividades.
Siguiendo hacia el sur, en Venezuela se ha institucionalizado una práctica tan particular como encantadora: patinar hacia la misa de gallo. En Caracas, es tradicional que las calles cercanas a las iglesias se cierren hasta las 8 a.m. para que la gente pueda patinar con seguridad hasta el servicio religioso. Aunque pueda parecer insólito, esta costumbre refleja la alegría y la unión de la comunidad, al tiempo que añade un toque de originalidad y diversión a las solemnidades religiosas.
Moviéndonos hacia Europa del Este, en Ucrania se encuentra una curiosa y hermosa tradición: la decoración de telarañas en los árboles navideños. Inspirado en una antigua leyenda sobre una viuda pobre que no podía permitirse adornos navideños y despertó en Navidad para descubrir que las telarañas en su árbol habían sido convertidas en oro y plata por el sol de la mañana. La peculiaridad de esta tradición remarca la importancia de la esperanza y el milagro, invitando a todos a encontrar belleza en lo inesperado.
No podemos hablar de tradiciones navideñas sin mencionar la emblemática feria de Núremberg en Alemania. El Christkindlesmarkt, con sus más de 400 años de historia, es un mercado donde se pueden encontrar todo tipo de artesanías y golosinas típicas, como el famoso Lebkuchen, un pan de especias. Destaca la aparición del Christkind, una figura angelical que representa al niño Jesús, que inaugura el mercado y lo visita regularmente. Esta feria, impregnada de historias y sabor, se ha convertido en un hito de la Navidad en Alemania y en el mundo.
Finalmente, nuestra travesía nos lleva hasta Japón, donde la Navidad se celebra con un toque contemporáneo un tanto inusual: el KFC. La tradición de comer pollo frito de Kentucky Fried Chicken como cena navideña se ha hecho tan popular que las familias reservan sus pedidos con meses de antelación. Esta curiosidad culinaria comenzó a raíz de una exitosa campaña de marketing en la década de 1970 y se ha incrustado firmemente en la cultura moderna japonesa como una forma de experimentar la festividad occidental.
Estas seis tradiciones son solo una muestra de la rica diversidad que la Navidad puede ofrecer. Desde la sobremesa hasta la espiritualidad, pasando por el humor y la hospitalidad, las celebraciones navideñas de todo el mundo nos invitan a reflexionar sobre lo que nos une como seres humanos: la capacidad de asombro, la búsqueda de luz en la oscuridad y el deseo de compartir alegrías. Cada país, con sus peculiaridades y encanto, nos brinda la oportunidad de abrir nuestros corazones a nuevas maneras de celebrar, y nos enseña que la alegría verdadera radica en la diversidad y en la unión.
Así que mientras colgamos los adornos y preparamos los festines, recordemos que la Navidad es un tapiz tejido por innumerables hilos culturales, cada uno aportando su tono particular a un cuadro luminoso. Sea en la quietud de una iglesia iluminada por velas o en el bullicio de un mercado navideño, las tradiciones que honramos y las nuevas que descubrimos nos recuerdan la maravilla de estar juntos en esta temporada de generosidad y alegría compartida.