¿Alguna vez has sentido que el botón de “posponer” de tu despertador es tu mejor amigo? Ese instante extra de sueño antes de afrontar el día parece inofensivo, pero ¿sabías que este hábito podría estar pasándote factura? El acto de aplazar la alarma, tan común y aparentemente inofensivo, esconde riesgos importantes para tu bienestar físico y mental. Te contamos todo lo que necesitas saber para que empieces tus mañanas de una forma mucho más positiva.
¿qué sucede en tu cuerpo cuando pospones la alarma?
Cuando activas la función de posponer (el famoso “snooze”), interrumpes tu ciclo natural de sueño. Los expertos explican que el sueño se compone de varias fases, y esa breve cabezadita tras la alarma rara vez te sumerge en una fase reparadora. Al contrario, produce un “stress biológico” que puede dejarte más cansado y desorientado que si te levantaras a la primera.
El sueño fragmentado causa lo que los científicos llaman “inercia del sueño”, ese estado de aturdimiento y confusión que afecta a tu memoria, concentración e incluso a tu estado de ánimo durante las primeras horas del día. Contrario a lo que pensamos, esos “cinco minutos más” pueden empeorar cómo te sientes al levantarte.
los verdaderos riesgos para la salud
Más allá de la simple pereza matutina, convertir en rutina el posponer la alarma puede tener consecuencias serias en tu salud. Diversos estudios han asociado esta práctica con una mayor sensación de fatiga y bajo rendimiento cognitivo. Personas que habitualmente usan el botón de posponer tienden a reportar mayores niveles de estrés durante el día.
Además, este hábito puede desajustar tu ritmo circadiano, afectando tu reloj interno y provocando dificultades para conciliar el sueño la noche siguiente. Esto crea un círculo vicioso: cuanto menos duermes de calidad, más dependes de la función “snooze” y peor te sientes al día siguiente.
Algunos investigadores apuntan incluso a alteraciones en la presión arterial y en la liberación de hormonas del estrés. Ese sobresalto repetitivo al sonar la alarma puede activar la respuesta de “lucha o huida” del organismo varias veces cada mañana, lo que, a largo plazo, podría contribuir a problemas cardiovasculares.
mitos y realidades sobre el “snooze”
Uno de los mitos más extendidos es que esos minutos extra tras cada aplazamiento suman más descanso. Sin embargo, la calidad de sueño importa mucho más que la cantidad. Por lo general, tras la primera alarma, el sueño que logras conseguir ya no es profundo y reparador, sino superficial e incluso desorientador.
Otro mito frecuente es pensar que algunas personas simplemente “funcionan mejor” usando este método. Aunque las necesidades de sueño varían, los especialistas en medicina del sueño coinciden: lo ideal es despertar a la primera alarma y establecer una rutina de descanso estable.
cómo dejar de aplazar la alarma y mejorar tus mañanas
La buena noticia es que romper este hábito es posible. Intenta irte a la cama unos minutos antes, establece una rutina nocturna relajante y mantén horarios regulares, incluso los fines de semana. Coloca tu despertador lejos de la cama para obligarte a levantarte para apagarlo. También puedes aprovechar la tecnología: hay aplicaciones que monitorean tus ciclos de sueño y te despiertan en la fase más ligera, haciendo que levantarse sea más natural.
Algunas personas encuentran útil dejar un vaso de agua cerca de la cama para tomarlo al despertar, o abrir la ventana para dejar entrar la luz natural. Lo importante es transformar ese arranque forzado en un comienzo consciente y amable de la jornada.
Adquirir el hábito de despertarte a la primera alarma no solo mejora tu energía, sino que te da un mayor control sobre tu día y tu bienestar. Recuerda: pequeños cambios pueden traer grandes beneficios a largo plazo.
Dale una oportunidad a empezar el día sin posponer y descubre cómo esta decisión tan simple puede cambiar tu vida. Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.