La hiperactividad no siempre es una desventaja, y mucho menos cuando se trata del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, más conocido como TDAH. Para cientos de miles de personas que conviven diariamente con este diagnóstico, el ejercicio físico puede ser mucho más que una simple recomendación médica: es, en muchos casos, la clave para mejorar el bienestar mental y la calidad de vida.
el vínculo entre movimiento y cerebro
Durante años, la ciencia ha explorado cómo el cerebro de alguien con TDAH trabaja de manera distinta. Se caracteriza, principalmente, por problemas de atención, impulsividad y, en ocasiones, una energía casi inagotable. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que el movimiento, lejos de ser un obstáculo, puede ser aprovechado como una magnífica herramienta para aumentar la concentración y controlar esa energía.
Cuando hacemos ejercicio físico, el cerebro libera neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina, que son justamente los mismos compuestos que contribuyen a regular la atención y el estado de ánimo. Estos neurotransmisores actúan casi como si fuesen “fertilizantes neuronales”, ayudando al cerebro a funcionar de manera más eficiente, especialmente en tareas que requieren foco y autocontrol.
cómo el ejercicio ayuda a personas con TDAH
Las investigaciones respaldan la idea de que la actividad física puede ser tan eficaz como algunos tratamientos farmacológicos para el TDAH, especialmente en casos leves o moderados. No se trata solo de “gastar energía”, sino de redirigirla de una forma que beneficie la mente y el cuerpo.
Por ejemplo, después de solo 20 minutos de ejercicio cardiovascular moderado, como correr, nadar o bailar, ya se observa un impacto positivo en la capacidad de concentración y en la reducción de la impulsividad. Además, la práctica regular de deporte contribuye a disminuir la ansiedad, mejora la autoestima y favorece la gestión emocional, todos factores que suelen verse afectados en personas con TDAH.
Otro aspecto fascinante es cómo el ejercicio puede ayudar a dormir mejor, un gran reto para quienes viven con TDAH. Dormir bien es esencial para consolidar la memoria, regular el ánimo y, sobre todo, para poder gestionar el día a día con una mente más tranquila.
actividades recomendadas y consejos prácticos
No todos los ejercicios funcionan igual para todo el mundo, pero sí existen modalidades especialmente beneficiosas para quienes tienen TDAH. Los deportes de equipo, por ejemplo, ofrecen no solo movimiento sino también oportunidades de socializar y aprender a trabajar en grupo, habilidades valiosas para crear entornos más estructurados y menos caóticos.
Actividades como el yoga o la meditación en movimiento, aunque parezca sorprendente, también son de gran ayuda. El yoga, en particular, enseña a respirar profundamente y a tomar conciencia del cuerpo y la mente, lo que puede traducirse en una mejor autorregulación emocional.
Se recomienda elegir ejercicios que sean divertidos y variados para evitar la rutina y el aburrimiento, algo que suele ser un enemigo para las personas con TDAH. Puede ser útil establecer un horario regular de actividad física, integrándola como parte de la rutina diaria, igual que cepillarse los dientes.
Para familias, es fundamental apoyar y acompañar el interés en cualquier tipo de actividad física, permitiendo que los niños elijan aquello que más les divierta. En adultos, encontrar compañeros de entrenamiento o formar parte de grupos deportivos puede facilitar la adherencia y el disfrute.
ejercicio, motivación y autoestima
Uno de los mayores regalos que la actividad física ofrece a las personas con TDAH es la sensación de logro y la mejora de la autopercepción. Completar una carrera, aprender un nuevo movimiento de baile o marcar un gol en un partido no sólo da satisfacción inmediata, sino que también refuerza la creencia de que, con perseverancia y disciplina, es posible conseguir objetivos.
La motivación, que a menudo fluctúa en el TDAH, encuentra en el deporte un terreno fértil para crecer y consolidarse. De esta manera, los éxitos en el campo físico se trasladan también al rendimiento académico y profesional, mejorando la confianza y las ganas de superarse.
En definitiva, el ejercicio físico va mucho más allá de mantener el cuerpo saludable para quienes conviven con el TDAH. Es una poderosa herramienta de autoconocimiento y autogestión, convirtiendo el movimiento en un verdadero aliado para alcanzar una vida plena, equilibrada y feliz. Así que la próxima vez que sientas esa energía desbordante, recuerda: moverse es mucho más que una necesidad, es un verdadero superpoder.