El quebrantahuesos, expansión hacia el sur en auge
En las alturas de nuestras montañas, sobrevolando valles y riscos, el quebrantahuesos ha sido durante siglos un habitante de leyenda. Sin embargo, estos últimos años han traído una noticia tan sorprendente como esperanzadora: el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) está expandiendo de manera natural su territorio hacia el sur de España, una tendencia que los expertos consideran un pequeño milagro de la naturaleza y de la conservación.
Un gigante de las alturas
El quebrantahuesos es uno de los grandes buitres europeos y, sin duda, el ave rapaz más singular de la península ibérica. Con sus imponentes alas que pueden alcanzar hasta los 2,8 metros de envergadura, es capaz de planear durante horas cerca de las cumbres. Su nombre lo debe a una costumbre única: deja caer los huesos desde gran altura para romperlos y así poder alimentarse de su médula, un comportamiento poco habitual en el reino animal que se ha convertido en una de sus señas de identidad.
Este ave fue durante mucho tiempo símbolo de los Pirineos, pero su presencia ahora está captando todas las miradas en zonas donde no se le veía desde hace más de medio siglo. Incluso algunos pastores y senderistas andaluces se frotan los ojos al identificar, entre las siluetas planeadoras del cielo, la figura inconfundible de este gigante barbudo.
Causas de una expansión inesperada
El regreso y la expansión hacia el sur del quebrantahuesos no son fruto de la casualidad. Durante décadas, iniciativas de conservación como el "Programa de Reintroducción del Quebrantahuesos" lideradas por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos y otras entidades han trabajado para reintroducir ejemplares y mejorar el hábitat de la especie en Andalucía, especialmente en la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas. Gracias a programas de cría en cautividad y a rigurosos seguimientos mediante GPS, los resultados no se han hecho esperar: no solo se han establecido nuevas parejas reproductoras al sur de la península, sino que también se observan movimientos naturales de ejemplares jóvenes hacia otras sierras más meridionales.
El fortalecimiento de la población original en los Pirineos y la mejora de la percepción social, con la reducción del uso de venenos y la promoción del turismo de naturaleza, han creado un entorno más seguro para estas aves carroñeras. La abundancia de alimento, sobre todo cadáveres de ungulados salvajes y domésticos, es otro factor clave para su asentamiento.
Curiosidades poco conocidas
Uno de los aspectos más asombrosos del quebrantahuesos es su dieta: se calcula que hasta un 70-80% de su alimentación está compuesta solamente de huesos. Este vulturón es capaz de digerir piezas que a otras especies les parecerían imposibles; su potente aparato digestivo transforma el calcio en alimento de calidad en cuestión de horas. Los más pequeños de la familia, aun antes de volar, ya reciben de sus padres estos fragmentos duros y nutritivos que aseguran su desarrollo.
Además, hay detalles fascinantes sobre su “maquillaje natural”: los adultos adquieren una coloración rojiza en el pecho y en la cabeza gracias a que se bañan en charcas de barro ricas en hierro. Este toque tan particular tiene su razón evolutiva, ya que parece estar asociado a la madurez y al estatus social dentro de la especie.
Una esperanza para la biodiversidad ibérica
El auge de la expansión del quebrantahuesos hacia el sur no solo alegra a ornitólogos y amantes de la naturaleza, sino que también es un buen indicador de la salud de nuestros ecosistemas montañosos. Su presencia contribuye a cerrar el ciclo de la vida al limpiar los restos de animales muertos, reducir posibles focos de infecciones y dinamizar ecosistemas que necesitan de grandes carroñeros.
Ver al quebrantahuesos sobrevolar sierras andaluzas ya no es un sueño lejano, sino una realidad palpable que promete mucho para la biodiversidad de España. Este renacimiento natural demuestra que, con esfuerzo y compromiso, especies que una vez rozaron el borde de la extinción pueden volver a encontrar su sitio en nuestro paisaje y en nuestra memoria colectiva.