menu
menu
Noticias

China: Emisiones de CO₂ Bajan con Tecnologías Limpias Pese a Mayor Demanda Energética

KaiK.ai
26/05/2025 08:03:00

China reduce sus emisiones de CO₂ gracias a las tecnologías limpias, incluso con una mayor demanda energética

En la última década, China se ha situado en el epicentro de la conversación global sobre medioambiente y sostenibilidad. Históricamente conocida como la mayor emisora de dióxido de carbono del mundo, esta nación ha protagonizado un giro sorprendente: sus emisiones netas de CO₂ han comenzado a descender, en buena medida gracias a una apuesta sin precedentes por las tecnologías limpias. Todo esto ocurre mientras la demanda de energía en el país sigue creciendo, impulsada por su dinamismo económico y el aumento de la urbanización. ¿Cómo ha logrado China este equilibrio aparentemente imposible? A continuación, desglosamos los factores clave detrás de este fenómeno.

el auge de las energías renovables en china

El avance de China en el sector de las energías limpias es uno de los más impresionantes del mundo. Desde hace algunos años, este país asiático encabeza la producción global de energía solar y eólica. Según datos del Global Energy Monitor, China instaló más de 100 gigavatios (GW) de energía solar sólo en 2023, una cifra superior al doble que toda la capacidad instalada de España. Además, el gigante asiático suma más de 400 GW de capacidad eólica instalada, consolidándose como el mayor mercado para estas tecnologías.

Este impulso ha estado acompañado de importantes inversiones en investigación y desarrollo, así como en la producción local de paneles solares, turbinas eólicas y baterías para almacenamiento de energía. Algunos expertos sostienen que estos avances han permitido que las energías renovables sean cada vez más competitivas frente a los combustibles fósiles, tanto en términos de coste como de fiabilidad.

tecnologías limpias y electrificación de la economía

El descenso de las emisiones de CO₂ en China no se explica sólo por la instalación masiva de energías renovables. Uno de los factores más relevantes es la electrificación de sectores tradicionalmente dependientes de combustibles fósiles, como el transporte y la industria pesada. El coche eléctrico es el máximo exponente de esta transformación: uno de cada cinco vehículos nuevos vendidos en China en 2023 fue eléctrico, y el país lidera el desarrollo de baterías de última generación.

El estado chino ha promovido también la creación de una inmensa red de trenes de alta velocidad electrificados, la eficiencia energética en edificios y fábricas, y el uso de bombas de calor y sistemas avanzados de control digital para reducir el consumo y las emisiones asociadas. Empresas del sector tecnológico, como Huawei y BYD, están invirtiendo fuertemente en almacenamiento de energía y digitalización de la red eléctrica, potenciando así la integración de las renovables.

una matriz energética en transición

Durante décadas, el carbón ha sido el pilar de la matriz energética china. Sin embargo, los datos muestran un cambio importante: aunque China sigue construyendo algunas centrales térmicas, el peso del carbón en la generación eléctrica cae año tras año, mientras las renovables y la energía nuclear ganan terreno. En 2023, por primera vez en la historia reciente, la generación de energía limpia cubrió el aumento neto de la demanda eléctrica del país.

Otro dato llamativo es que, pese al crecimiento del consumo energético total, la intensidad de carbono del sistema eléctrico chino sigue disminuyendo. Esta tendencia significa que cada vez se emiten menos toneladas de CO₂ por cada megavatio hora generado, un hito fundamental en la lucha contra el cambio climático.

impacto global y retos pendientes

Lo que ocurre en China tiene un impacto crucial en los objetivos climáticos globales. Al reducir sus emisiones con tecnologías limpias, China no sólo contribuye a estabilizar el clima, sino que también transforma la economía mundial: el descenso del coste de las renovables y el avance en baterías eléctricas están acelerando la transición energética en otros países, incluidos muchos de Europa y América Latina.

Pese a estos avances, el reto sigue siendo enorme. China debe asegurar que el crecimiento de la energía limpia sea suficiente para desplazar progresivamente el uso del carbón y del petróleo, evitando así el conocido “efecto rebote”, donde una mayor eficiencia termina incrementando el consumo total. La transparencia de los datos y la protección medioambiental a nivel local continúan siendo desafíos clave.

China demuestra que es posible crecer económicamente y, al mismo tiempo, emprender una senda de descarbonización profunda. Si este ritmo se mantiene, el gigante asiático podría adelantar varios años su objetivo nacional de alcanzar el pico de emisiones antes de 2030, una noticia positiva para el planeta y para las futuras generaciones. La revolución energética china, impulsada por innovación y determinación, da nuevas esperanzas frente a la crisis climática.

por KaiK.ai